‘El perdón, una decisión’.Dra. Elsa Martí Barceló

Columna de gestión emocional de la Dra. Elsa Martí Barceló en el periódico La Voz de la A-6

El perdón, una decisión

“El perdón no es un acto ocasional es una actitud constante”

(Martin Luther King)

“El perdón forma parte de las lecciones que la vida nos da. Nadie está libre de recibir o generar daño. Todos, en algún momento, estamos expuestos a ello. Hacer del dolor que causa un sentimiento bidireccional es lo que consolida en éxito o fracaso su aprendizaje.

El perdón mantiene en equilibrio  la balanza de los afectos, reconforta a la persona ofensora y ofendida dando paz y serenidad a su espíritu para reconstruir la situación o los hechos desde un entendimiento objetivo.  

Perdonar no significa olvidar ni correr un tupido velo, eximir de culpa o aplaudir ciertas conductas, perdonar exige tomar una decisión: adoptar y trabajar una actitud con voluntad y disciplina que ayude a reelaborar el recuerdo de un daño ocasionado para que no exista dolor, aplaque la sed de venganza y ayude a desterrar la fuerza que tenga sobre nosotros la persona que nos lastima. Tomar la decisión de perdonar o perdonarse es lo que libera a la persona de sentir humillación, desprecio o sentimiento de culpa.

En general nadie, salvo raras excepciones, hace daño o se daña a si mismo con intencionalidad. El daño es consecuencia inmediata de un impulso incontrolable que emana del interior de las personas, la ambición de un deseo por ser y/o hacer con intención de prosperar sin preocupación de perjudicar. Evitarlo para las personas supondría entrar en conflicto con los propios intereses.

¡Qué fácil es decir yo haría o no haría o yo no hubiese hecho! Con que facilidad juzgamos o criticamos comportamientos ajenos y con qué destreza obviamos el daño generado al ser juez de las acciones del otro.

El ser humano no es consciente  de lo que acarrea juzgar y criticar vivencias ajenas hasta que la vida le hace protagonista en primera persona de lo que allí acontece. Solo entonces, no antes, es cuando se comprende el daño ocasionado.

Es más fácil perdonar si uno se pone en la situación del otro. Todos, en algún momento, somos vulnerables a la equivocación. Y si piensas que tú no eres de los que te equivocas, pide ayuda, no sabes quién eres. Equivocaciones propias y ajenas son muestra de la imperfección humana. Experimentar el dolor que causan es lo  que aplaca la sed de venganza y hace aflorar un arrepentimiento sincero.

Si necesario es capacitarse  en ver el  resentimiento, la amargura o la culpa  como obstáculos que impiden caminar hacia delante, más necesario todavía es, ver las equivocaciones como  oportunidad de cambio. En nuestra mano está ser víctima y quemarnos  en la hoguera o elegir ser nuestro  héroe personal.

El perdón exige fortaleza para sacar el ángel, no el demonio, que habita en nosotros. Perdonar, no es sinónimo de debilidad, es  fortaleza. Resistencia y brío  para vencer el  qué dirán  y  dar salida a una situación, no grata y complicada,  de la mejor forma posible.

Reconocer en nuestra  forma de actuar  aquellas conductas que tanto  hemos censurado es lo que lleva a empatizar con el otro, a comprender que las cosas son fáciles de decir pero difíciles de hacer.

Empoderar  la capacidad de pedir perdón y perdonar no es rebajarse es aceptar de forma simple y llanamente la realidad de la vida.

El perdón  pone a prueba una de nuestras mejores virtudes, la templanza. La templanza es lo que dota  del  tiempo necesario al ser humano para dimensionar el daño y colocar personas y cosas en su lugar, experimentar la tristeza en pro de soluciones  o sentir  el arrepentimiento necesario que hace que el otro sienta que lamentamos el daño causado.

Ser pacientes, dejar pasar tiempo, juega a favor del perdón ¡Siempre  es más difícil de perdonar un suceso reciente!

¡La vida es perdón!

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