¿Y ahora qué?  Con Pilar Rodríguez Barahona , Responsable de RR HH y Administración ENISA. Colaboradora y Formadora en ele, Escuela de Liderazgo Emocional

Segunda parte del artículo escrito  por Pilar Rodríguez Barahona , Responsable de RR HH y Administración ENISA. Colaboradora y Formadora de ele, Escuela de Liderazgo Emocional. Esperamos que disfrutéis con su lectura

¿Y ahora que…?   

Un suspiro, un último aliento, a veces con los ojos cerrados, pero todos con cara de tranquilidad se van, ya han pasado la transición. Ya están en otro lugar y han dejado su cuerpo, como la mariposa deja el capullo y se va volando estrenando nuevas alas. A veces te das cuenta y otras veces no, quizá porque sea un accidente o porque simplemente en ese momento saliste de la habitación a por agua, pero cuando los ves que se han ido, se siente un dolor por dentro similar al amor que le tenías, es algo proporcional. El corazón no entiende de medidas, solo nota un vacío de repente. Las lágrimas son las palabras que el corazón no puede decir.

Una vez que ocurre, se siente tristeza, enojo, impotencia. No se pueden reprimir las emociones que afloran, pero si se pueden controlar. Muchas personas, ante esa falta, deciden ponerle remedio de forma que perjudican su salud, como el alcohol, las pastillas, pero no es nada recomendable, a no ser que te prescriba un médico algo específico. Lo mejor es intentar buscar algún buen amigo que te comprenda. Que le puedas expresar todo lo que llevas dentro y que te pueda entender y consolar. Él te hará ver que aun tienes que tener esperanza en la vida, aunque te haya quedado un hueco en tu corazón.

Para las personas con la autoestima alta, este proceso resulta más fácil, pero las personas que tienen la autoestima más baja sufren más y les cuesta más creer que van a poder salir adelante. Pero siempre tienes que concederte el permiso de llorar, en silencio, o literalmente. Sufres. Eso es el duelo.

Todos nacemos con un mismo fin, la muerte. No debemos temerla, forma parte de la vida.

La persona que se ha ido te ha dejado una herencia valiosa, sus recuerdos, valores, sentimientos, momentos.. y esos siempre los tendrás. Pensar en ello te dejará pasar a la fase en la que tienes que pensar en que tienes futuro. Quizá te alivie escribirle una carta de despedida donde le expreses el amor que le tenías, o pedirle perdón por algo que nunca tuviste valor de decírselo, seguro que donde esté ese alma, lo leerá con cariño. Tienes que intentar que el dolor no se convierta en sufrimiento.

Cuando una persona se va, se pasan por varias fases, la primera es el shock, el bloqueo, no querer admitirlo. Después, una vez ya todo el mundo te ha dado el pésame y mil besos, te quieres quedar solo, que te dejen. Ese duelo tiene su explicación. El hablar con los demás, distraerte, te provoca rechazo porque nadie, ninguno de ellos, te va a devolver a la persona que se ha ido y que tanto querías. Es comprensible. Nadie te puede ayudar a superar esa pérdida o a que se te pase la pesadumbre y la tristeza, por eso suele provocar el alejamiento.

No existe nadie que no haya sufrido o vaya a sufrir una pérdida. Dolerá, más o menos, dependiendo del tipo de persona que se sea, pero hay que intentar pensar que nadie tuvo la culpa. Incluso en un accidente, existen posibilidades de salvación o de poder haberlo evitado. Pero ese momento dejó paso a otra fase, la de transición, donde la persona deja el cuerpo.

Poco a poco, conseguirás que la esperanza vaya entrando poco a poco en tu vida. Unas personas tardan más que otras, como ya he dicho, pero nadie se muere porque la persona querida no esté.

Los días negros no son eternos y, más pronto o más tarde saldrá la luz. No puedes dejar que te invada permanentemente el sufrimiento, porque a veces pasa factura incluso en el cuerpo propio, como si se muriera con él esa parte de ti. No debes permitirlo. Una vez comiences a tener esperanza, se desvanecerán esos males, porque el ser humano es cuerpo y alma, mente, conciencia, como quieras llamarlo.

Después viene la fase del pánico o miedo, donde muchas personas creen que no podrán salir adelante, por eso es importante que después de la tristeza y la depresión, se pueda volver a ver pronto la esperanza. La esperanza de que, quedándote sólo, puedes vivir sin esa persona. Que si se muere tu hijo, el resto de tu familia observará como remontas. Si es alguno de tus padres, intentarás guardar los recuerdos, recuerdos bonitos que te hicieron feliz y que tú puedes volver a disfrutarlos con otras personas que también lo esperan de ti porque te aprecian.

Después de todo, somos humanos, tenemos la única capacidad que no tienen el resto de seres que habitan nuestro planeta, la racionalidad y, aunque sea difícil, ella te irá diciendo que tengas esperanza, que lo puedes superar y que eres valiente, como lo has demostrado hasta ahora.

 

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